martes, 16 de julio de 2013

González y Aguirre se distancian tras una bronca de 45 minutos

Portada de EL PAÍS

Las continuas críticas de Esperanza Aguirre hacia la dirección nacional del Partido Popular provocaron el pasado martes una bronca de 45 minutos entre Ignacio González y la presidenta del PP madrileño en la que su sucesor al frente del Gobierno regional, partidario de una relación cordial la cúpula de Génova, llevó la voz cantante. El desencuentro, tan sonoro como inaudito, se produjo en el despacho de paredes de cristal del también secretario general del partido en Madrid al término del Comité Ejecutivo regional, en el que Aguirre volvió a interpelar con dureza a la cúpula de Génova por su gestión del caso Bárcenas. Adoptando como verdades irrefutables, antes de lo que dictamine la justicia, determinadas informaciones como la financiación irregular del PP. Y como si la trama Gürtel no tuviera nada que ver con la etapa de la dirigente a los mandos de la Comunidad de Madrid, suelen incidir los desafectos con Aguirre.?Si ha habido irregularidades en la financiación, tendremos que reconocerlo, explicarlas y pedir perdón a los ciudadanos. No vale con decir que los demás partidos también se han financiado de forma irregular. Ser los primeros en hablar claro nos dará una ventaja moral. Es muy importante que nos adelantemos a la justicia?, expresó Aguirre, que también exigió a Mariano Rajoy, sin citarle directamente, que depure responsabilidades.La celebración del cónclave, al que estaba convocada una muchedumbre de cargos altos y medios del PP madrileño, acorde con la primacía que la formación alcanzó en las elecciones autonómicas y municipales de 2011 ?fue la primera fuerza política en 147 de los 179 de la región, batiendo el récord de concejales (1.208) frente a los 547 del PSM?, coincidió con la publicación en El Mundo de uno de los originales de los papeles de Bárcenas que EL PAÍS sacó a la luz el pasado enero. ?Fue una casualidad de esas que deja la vida, ni mucho menos fue a propósito. Simplemente sucedió?, destacan distintas voces consultadas, que señalan que recibieron la convocatoria en sus correos electrónicos y teléfonos móviles con una semana de antelación.La alocución de Aguirre, retransmitida en abierto a los medios, fue seguida con evidente malestar por su número dos durante sus nueve años de mandato en la Puerta del Sol. Hasta el punto de que González no solo no intervino sino que abandonó raudamente la reunión tras las intervenciones a puerta cerrada de una decena de los 300 cargos citados. Distintas voces consultadas observan que González ha pedido en reiteradas ocasiones a Aguirre que mantenga un perfil más prudente, sin convertir sospechas en verdades, en lo que confiere a la dirección nacional.En medio de ese clima de controversia interna, la última en pedir la palabra fue la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, que le reprochó a Aguirre que se desmarcara de la dirección nacional y pretendiera convertir al PP de Madrid ?en una isla al margen?. La intervención de Cifuentes, sin que nadie saliera a corregirla, provocó una situación sin precedentes, un antes y un después en el que el rapapolvo de González a su mentora durante tres cuartos de hora fue el colofón. En ese tiempo, Aguirre permaneció sentada y González de pie, enlazando argumentos, de aspaviento en aspaviento, sobre las dificultades en que le dejaban sus ataques tanto al PP estatal como a algunas decisiones de La Moncloa, entre ellas las subidas de impuestos que también ha cuestionado José María Aznar.Los escasos testigos presentes en la primera planta de la sede del PP ?de por sí todo un síntoma del conflicto en las filas populares, ya que lo habitual es que los Comités Ejecutivos regionales finalicen con docenas de cargos haciendo pasillos?, se borraron de la escena, refugiándose en un par de despachos cercanos o más allá, en otras zonas más alejadas.Desde que Aguirre dimitió el pasado 17 de septiembre ?pillando a contrapié al mundo entero, incluidos los jerarcas del PP, en una decisión que solo conocían su jefe de gabinete, Regino García-Badell; Isabel Gallego, la directora de Medios de la Comunidad desde 2003; y el propio González, entonces su delfín?, el actual presidente autonómico se ha esforzado en limar las asperezas entre el PP regional y la Ejecutiva de Génova. González, al que la dirección nacional tiene que dar el visto bueno para presentarse como candidato a las elecciones autonómicas de 2015, siempre ha sido consciente de que afrontaba una tarea compleja.De entrada porque figuraba en la diana de muchos marianistaspor su papel activo en pro de Aguirre en el Congreso del PP de junio de 2008 en Valencia, en el que Rajoy fue finalmente reelegido presidente del PP con el 84% de los votos tras perder tres meses antes las elecciones generales. Conciliador, González ha dedicado muchos esfuerzos en calmar las aguas agitadas por su predecesora, aunque también ha defendido de forma perseverante el euro por receta, que el Gobierno central recurrió con rapidez tras dar varios meses de margen a Cataluña. González, que venía de aprobar los presupuestos regionales más austeros en una década, no se plegó y peleó la tasa hasta prácticamente el final.Más allá de ciertas distensiones con el Estado por defender sus intereses, en mayo pareció que había conseguido implantar una relación de normalidad. Las dos mujeres con mayor poder en el PP, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y la secretaria general de la dirección nacional, María Dolores de Cospedal, le arroparon junto a otros notables del partido Carlos Floriano o Javier Arenas en lo que se interpretó como un guiño de cordialidad de Génova hacia González. En reconocimiento hacia su dedicación por establecer, y mantener, una relación estable con La Moncloa frente al sector que lidera precisamente Aguirre.Tras la riña con su mentora y amiga, González se fue con su familia a celebrar el 82º cumpleaños de su madre. Al día siguiente acompañó a los Príncipes de Asturias en su visita al Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Mientras, Aguirre redobló lo que sonó a un desafío a su partido: ?Todos los militantes están conmigo?. Como si la bronca del día anterior no se hubiera producido.

 

 

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