jueves, 31 de octubre de 2013

Presiones empresariales y políticas rebajan la tensión entre Rajoy y Mas

Portada de EL PAÍS

Las imágenes de la semana pasada, primero con un plantón de Artur Mas a Soraya Sáenz de Santamaría y después con una batalla protocolaria entre el president catalán y Mariano Rajoy por un acto en Barcelona, hicieron saltar muchas alarmas. Y pusieron en marcha un potente mecanismo de presión y contactos de alto nivel, en el que participan empresarios y políticos, para cambiar esta dinámica. Y de momento esa presión parece haber dado un pequeño fruto: tanto la Generalitat como el Gobierno central trasladaron ayer la idea de que están abiertos al diálogo sin fechas límite, a intentar recuperar el contacto. Aunque de momento no parece inminente una nueva reunión Rajoy-Mas, nadie la descarta.En ese intento de rehacer los puentes destacan dos políticos. En Cataluña, Josep Antoni Duran, que ha multiplicado sus contactos en las últimas semanas, incluso con Rajoy ?tal y como avanzó ayer La Vanguardia y confirmó en la SER el propio Duran? para promover una solución que pase por negociar un nuevo estatus para Cataluña y después votarlo. En el resto de España, quien se ha movido ahora es Alfredo Pérez Rubalcaba, que se ha reunido con Rajoy y con Mas para convencerles ?de momento sin éxito? de que la mejor salida sería una reforma constitucional pactada al menos por PP, PSOE y CiU para que los catalanes puedan votarla. Son dos propuestas similares pero ninguna de las dos logra abrirse camino de momento.Otra persona clave de este intento de recomponer relaciones es la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría. En el pasado, ella fue clave en los contactos con la Generalitat a través de Francesc Homs. Sin embargo, ahora el Gobierno ha roto con Homs, al que ve como el máximo promotor de la apuesta independentista. El Ejecutivo central ve al Gobierno catalán roto en dos, y confía en que se imponga la mitad que no ve clara la vía rupturista.En este contexto, esas presiones, sobre todo empresariales pero también políticas, se multiplicaron este fin de semana, en la boda en Barcelona del hijo de José Manuel Lara, presidente de Planeta. Allí estaban todos los protagonistas. Sáenz de Santamaría estaba en una mesa de Isidre Fainé (La Caixa), Lara en la de los novios, y Mas en la de Mauricio Casals, presidente de La Razón. Fainé y Sáenz de Santamaría se acercaron a saludar a la mesa en la que estaba el president, y los dos políticos charlaron amistosamente pero sin elementos importantes de contenido negociador, según personas presentes en la boda. El PP insiste, incluso públicamente, en que no hay ningún tipo de negociación en marcha.Lo que sí trasladan estas personas presentes en la boda es que los empresarios asistentes, prácticamente toda la cúpula de la gran empresa catalana ?se casaban un Lara y una Brufau? se acercaron tanto a la vicepresidenta como al president de la Generalitat para trasladarles, en un ambiente distendido, la necesidad de encontrar un punto de encuentro, por pequeño que sea. Les pedían que haya diálogo y que se evite la imagen de la semana pasada.A Rajoy los empresarios le trasladaron la misma petición, aunque el presidente apenas tuvo ocasión de cruzar unas palabras con algunos de ellos porque no se quedó a la cena, solo estuvo en la ceremonia, y no se cruzó con Mas.El Gobierno admite estas presiones pero también le ha pedido a los empresarios catalanes que convenzan a Mas para que rectifique. En el Ejecutivo se ha instalado la idea de que los empresarios le dicen a cada uno lo que quiere oír, tanto a Mas como a Rajoy, pero muy pocos están haciendo una presión real sobre la Generalitat.En cualquier caso, y a pesar de los intentos de muchas personas de distinta procedencia por buscar un punto de encuentro, todos los políticos consultados de las tres distintas formaciones protagonistas de la jugada ?PP, PSOE y CiU? admiten que el margen es muy estrecho, tanto el de Rajoy como el de Mas.Por muchas conversaciones que se tengan ?y en los últimos meses ha habido decenas, sobre todo en el Congreso entre Duran, Rajoy, Sáenz de Santamaría o Rubalcaba? siempre se acaba llegando al mismo punto: Mas quiere que le autoricen a hacer una consulta, cree imprescindible votar. Rubalcaba admite esa idea de que es necesario votar y por eso plantea que se reforme la Constitución y después se vote ese pacto, como se hizo en 1978. Pero Rajoy, que rechaza de plano por inconstitucional cualquier tipo de consulta solo en Cataluña y exige a Mas que renuncie a ella para poder buscar otra solución dentro de la ley, tampoco está de acuerdo con Rubalcaba.Aunque en La Moncloa valoran mucho el hecho de que el líder del PSOE haya recuperado sus relaciones con Rajoy, rotas desde el verano por el caso Gürtel, el presidente cree que no es posible pactar con CiU una reforma constitucional sin concederles el derecho de autodeterminación, algo que ni PSOE ni PP aceptan.El Gobierno sigue confiando en que Mas rectifique o en su partido le obliguen ante las encuestas que marcan que ERC sería ya el primer partido y CiU se hundiría. El Ejecutivo también está preocupado por el PP y el PSC, que están perdiendo fuerza frente a Ciutadans.En cualquier caso la presión ha tenido algunos efectos. Por parte de la Generalitat las posiciones no han cambiado en el fondo, pero sí en las formas. El Gobierno catalán entiende que los incidentes protocolarios vividos los últimos diez días no aportan nada bueno. Además esta tensión le aleja de los empresarios, los grandes aliados tradicionales de Convergència i Unió. De ahí que hayan decidido abrir nuevas vías de diálogo sin renunciar a lo que para Mas es la razón de ser de esta legislatura: la consulta.El Gobierno de CiU entiende que Rajoy debe abrir una negociación con una propuesta para Cataluña. La novedad de ayer es que ahora la Generalitat se abre a que esto pueda producirse sin plazos prefijados.El consejero de Presidencia, Francesc Homs, se mostró confiado en que el Gobierno central hará una contrapropuesta. ?Se empieza a construir un diagnóstico compartido de que alguna cosa se tiene que hacer. En Cataluña hay una propuesta sólida y ratificada por las urnas que hará su curso si ellos no quieren hablar de nada?.La Generalitat pone el énfasis en que el Ejecutivo central ha abandonado la tesis de que el conflicto catalán es un ?simple calentón de verano? para pasar a defender que existe un problema real. ?Ponemos en valor que haya un diagnostico compartido?.Homs hizo un segundo guiño al Gobierno central al asegurar que la Generalitat no pone una fecha tope para que se produzca este diálogo. Pese a que el Parlamento autónomo aprobó el mes pasado que la negociación no debía demorarse más allá del 31 de diciembre, Homs aseguró ayer que no hay plazos para el diálogo. ?La Navidad no es ninguna fecha límite?, insistió.En este sentido, dejó claro que el plazo de diciembre atañe a ?la política catalana?, no a las relaciones con el Gobierno. Esto es, que la intención de la Generalitat es continuar adelante con el plan soberanista poniéndole incluso fecha y pregunta a la posible consulta, pero sin dejar de negociar con el Gobierno central. Esta estrategia le permite a Mas mantener a su lado a Esquerra Republicana y al mismo tiempo intentar negociar una salida con Rajoy.En lo que no hay cambio alguno en la actitud de la Generalitat es en que la consulta, de una u otra forma, debe hacerse. ?Las propuestas que lleguen, las que sean, se tienen que votar?, insistió Homs. ?Hay cosas que ya no se pueden decidir o cerrar en los despachos?, añadió. Cambio de tono, pues, pero las posiciones siguen casi donde estaban.

 

 

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