jueves, 14 de noviembre de 2013

Erraron con el ERE

Lo primero que me gustó de Canal 9, fue cómo y de qué manera se le bautizó. Se hizo una convocatoria a la ciudadanía para que cada cual propusiese un nombre a la televisión que se estaba gestando. Puede parecer un asunto sin importancia pero no lo era. Era la demostración palpable que en una tele de todos y para todos, todos podíamos opinar sobre su nombre. Fue un acto barato, fácil, sencillo y profundamente democrático.
Cuando Canal 9 (Nou por nuevo y por el Nou d’Octubre) se consolidó, era una delicia de frescura, ilusión y cercanía con la gente de a pie. Con audiencias de hasta por encima del 26%, era la tele de casa.
A partir de 1995 la cosa se fue torciendo y cada vez se parecía más a nada. Era una tele pero su carácter valenciano, provincial, comarcal y ciudadano, se fue diluyendo en aras de no sé qué extraña “erudición” de manual. Los ciudadanos/as de Valencia no se apartaron de Canal 9. Canal 9 los echaba a puñados programa a programa y ante el escándalo del sobredimensionamiento amistoso de la plantilla de forma sangrante… Y quien siembra vientos, recoge tempestades. El gasto corriente se dispara, se anula prácticamente la producción propia. Amiguitos del alma hacen programas a precio de Prime Time, cuando se tenían que pasar por su escaso interés de madrugada… Y así hasta que ni trencando les vidrioles, se podía salvar la Hidra en que se había convertido “el ente”.

La vía escogida para “la re creación” de Canal 9, consistió en pedir a prestigiosos y carísimos despachos de abogados y consultoras que se encargaran de entrar a matar, utilizando terminología taurina pero que en este caso por la crueldad, viene al pelo. Personalmente no me puedo creer que antes de tomar decisiones que afectan de forma vital a miles de trabajadores, nadie se plantease sentarse con ellos y explicarles, con toda la crudeza que requiera el caso, la situación. Y erraron en el ERE. Y ahora, cuando han conocido la cadena de errores cometidos y no solos económicos laborales, sino de manipulación, listas negras y lindezas por el estilo, sale el Presidente no electo y dice que Canal 9 se cierra. Y comete una de las vilezas políticas más sangrantes y desvergonzadas que uno ha visto: intenta poner a los ciudadanos/as en contra de RTVV porque es más importante un hospital y una escuela, que mantener RTVV. Vale que Fabra se haya creído que es, como el Sr. Cuesta, el presidente de ésta nuestra Comunidad, pero de ahí a que los valencianos y valencianas seamos idiotas por haber aceptado un presidente de rebote y que acudamos al Palau con palmas y ramos de olivo a darle las gracias por el cierre de RTVV para eliminar el copago, las listas de espera, los desahucios, los despidos, recortes a funcionarios, el cierre de comedores escolares entre otras, hay un trecho.


Lo bien cierto es que el trabajo que están haciendo los compañeros/as de RTVV en las últimas horas, es lo mejor de los últimos 17 años. El Art. 20 de la Constitución campa a sus anchas. Es como si se hubieran roto las cadenas y caído las mordazas en el momento que Fabra compareció ayer. En el plató y en las calles de punta a punta del País Valenciá, la gente dice lo que quiere y RTVV lo emite. Se sientan prestigiosas personas, por ellas mismas y por lo que representan, a las que jamás les habían permitido ni la entrada al edificio.

RTVV no se va a cerrar. RTVV es el Vicent Doménech del siglo XXI. RTVV será el epitafio de Fabra y de más gente de su gobierno, si no del gobierno entero. RTVV es la reedición del Mayo francés en directo… Ver y escuchar RTVV, en las últimas horas, es una bocanada de aire fresco en medio del estercolero en el que nos han tirado.

Hoy estoy orgulloso de “mi” tele, porque de los compañeros/as lo he estado siempre.

LA VANGUARDIA

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